La Garnacha, amiga de mi infancia.

Bañados por las aguas del rio Jalón, se vislumbran campos de frutales abrigados por las suaves colinas de yesos blancos, tierras fértiles para la labor, trabajadas incansablemente para la producción de frutas internacionalmente reconocidas, allá donde el Jalón deja de dar sus aportes anuales de nutrientes, tan necesarios para la fruticultura y la huerta del día a día, se encuentra esa tierra aparentemente muerta, es la llamada depresión del Ebro, tildado como el Reino de la Garnacha tinta, famosos por sus caldos de color sutil provenientes del mar de viejas vides que salpican las laderas anexas a los pueblos de esta comarca.  El Campo de Borja, conocida ahora en todo el mundo, por ese vino, que en los lustros pasados era despreciado por su rudeza, inevitable alma del amado Tempranillo y hoy gracias a navarros y catalanes con sus rosados florales de Garnacha, a los amables vinos de la antigua Bibilis, a los laboriosos Riojas y cómo no, a los vinos portentosos del Priorat, donde es la indiscutible reina.

Dicen los estudiosos, que su origen es aragonés, y dicen los aragoneses, que para eso no hay que estudiar… desde que se tiene memoria siempre estuvo ligada a las familias y haciendas de las comarcas del Jalón,  Huecha, o de Calatayud y también en Cariñena donde no era tan común, compitiendo y enamorada a su vez de la uva homónima más conocida en La Rioja como Mazuelo o Carignan por los franceses, donde por supuesto también se le cambio el nombre a nuestra uva, los gabachos la llaman Grenache Noir,  largamente difundida por todo el  norte del Pirineo y costa mediterránea, siendo base  de los principales caldos del Languedoc-Roussillon y de la Provence.

Vinos de marcado carácter alcohólico, agradecido por los labradores que en sus botas (recipiente elaborado en piel) lo transportan, por los amigos en las reuniones alrededor del porrón o por los infantes que lo toman como mistela, de cualquier modo es buena compañera de los largos inviernos de estas regiones.

En cada país, los del lugar se buscan las maneras de darle forma, según necesidades  o costumbres de los locales; en Navarra la prefieren rosada y fresca, bien acompañada de los frutos de su incansable huerta; en Aragón, intensa y fragante,  siempre al lado de la fogata y el ternasco; en Cataluña amable y larga en compañía del buen pan tumaca y el rico fuet…  sea por el trabajo del viñador o por las tierras que la parieron, sea por el bodeguero o por la madera, cual sea la razón, siempre aporta una sonrisa a quien la descubre, pues nunca defrauda al comensal.

Mi amiga la Garnacha se hizo viajera, ya la frontera del norte se le hizo chica, ahora también quiso descubrir las Américas, y no le fue nada mal… las Californias, gringa o mexicana, son las nuevas cunas de la Garnacha, donde sus nuevos apreciadores se sorprenden por sus cualidades sensoriales, por su frescura y aporte de matices a los vinos del nuevo mundo, métodos innovadores a los que no está acostumbrada le están dando nuevas alas a la Garnacha, por todos los rincones de México se empieza a hablar de esta variedad ancestral del noreste español y sureste francés, donde sus  nuevos amigos platican de sus bondades , la Garnacha se sonroja… y los Mexicanos se ríen, por su asociación con el famoso platillo… sea como sea, siempre da alegrías.

Eno.  Joao D. Cavaco.